¿Razón o emoción?

 
¿Cuáles son los motivos que nos llevan a animar a un determinado club de fútbol? ¿Qué criterio seguimos a la hora de declararnos seguidores del Real Zaragoza o de cualquier otro equipo? Con vuestro permiso, intentaré razonar estas cuestiones desde un punto de vista tan personal como objetable. Comenzaré rebatiendo mis propios dilemas iniciales, unas preguntas que para mi carecen de coherencia. Existen dos formas esenciales de disfrutar de este gran deporte, dos modos antagónicos de contemplarlo, dos perspectivas opuestas e incompatibles de definirse “futbolero” en todo su conjunto. De la inclinación hacia una puede explicarse la actitud que tome cada persona respecto al fútbol y su elección equipo favorito.
 
¿Elección? Permitidme que vuelva a discrepar conmigo mismo, y de paso entrar en el fondo del artículo. Como animales racionales que somos, tenemos la posibilidad de elegir, basándonos en razonamientos propios, entre las diferentes alternativas que se nos puedan plantear a lo largo de nuestra vida, en distintas circunstancias somos capaces de decantarnos según nuestras necesidades o preferencias, pero también somos seres emocionales sometidos a nuestros sentimientos. De la misma manera que nadie puede elegir si sentirse feliz o triste, si enfadarse o ilusionarse, sensaciones provocadas por factores externos, considero que la afinidad o apego por un equipo debería ser igualmente causada por motivaciones ajenas a nuestro juicio, un auténtico hincha no se hace, nace.
 
Desde mi niñez, se me inculcó zaragocismo, es cierto que eran tiempos gloriosos, una época histórica en la que era muy fácil ser zaragocista. Desconozco que es lo que hubiera sucedido en el periodo que desgraciadamente estamos viviendo, pero ese sentimiento despertado en mi infancia sigue acrecentándose hoy en día, tras sufrir varios descensos y temporadas indignas es más fuerte que nunca. Quizás mi manera de entender el fútbol no me permita ser objetivo, tal vez la identificación con mi tierra sea más fuerte que el gusto por el propio deporte, por el disfrute de lo que al fin y al cabo sirve para disfrutar, por lo que no deja de ser una afición, como dijo Cesar Luis Menotti, “la cosa más importante de todas las cosas menos importantes”. 
 
Igual que podemos tener un grupo de música o actor predilecto, algunas personas se decantan también por un equipo de fútbol basándose estrictamente en aspectos deportivos, pero para mi y para tantos otros el fútbol es mucho más que un deporte, es un sentimiento que nos diferencia y nos integra, es algo que nos define y nos compromete, nos proporciona una identidad y nos representa, el fútbol podría ser la cosa menos importante de las cosas más importantes. Como es lógico soy simpatizante de decenas de escuadras repartidas en ligas de todo el planeta, incluso también dentro de la liga española las hay, pero en mi corazón como orgulloso y encantado zaragozano no contemplo otra opción que ser fiel y convencido zaragocista.
 
Respeto y entiendo que haya gente aficionada a clubs con los que no tengan ningún tipo de vinculación, clubs de otras ciudades en las que posiblemente ni siquiera han estado, clubs que celebran sus éxitos a cientos o miles de kilómetros de distancia. Aunque con esta declaración pueda ganarme ciertos reproches, la comprensión disminuye cuando estos equipos son el Real Madrid o el F.C. Barcelona. Ser hincha de cualquiera de los dos grandes de la liga española anteponiéndolos al club que representa tu ciudad o tu tierra en todo el país me parece la disposición fácil y paradójicamente más conformista, ¿y qué es el deporte más que ambición?. Me remonto al principio del texto y los propongo como claros ejemplos de fútbol electo, fútbol como mera afición y entretenimiento, fútbol “asentimental”. Por supuesto que es más atractivo celebrar títulos de liga, jugar importantes competiciones europeas y disfrutar en tu equipo de los mejores jugadores del mundo que pasar por el sacrificio y sufrimiento que supone competir por los restos, deambular por la clasificación o incluso soñar con mantener la categoría, pero tengo el convencimiento y la experiencia propia de que la consecución de objetivos menos prestigiosos o incluso ordinarios es más apasionante y satisfactorio si existen vínculos emocionales.
 
Es la grandeza del fútbol, el crecer y madurar defendiendo unos valores y una identidad, unos sentimientos que te hacen parte de algo más grande, una sensación palpable cuando paseas por las calles de tu ciudad y te conmueves al ver a otros aficionados vistiendo camisetas que ostentan honrosas el escudo que tantas alegrías y tristezas te ha provocado, eso es algo que la razón jamás podrá igualar.

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