Pablo Iglesias y la libertad de expresión

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Supongo que todos conocemos el último y esperpéntico episodio protagonizado por Pablo Iglesias Turrión, aquel que venía a salvar al pueblo, pero que lo primero que hace es exigir el control de TVE, del CNI (¿para qué lo querrá?), la vicepresidencia para sí mismo, que luego, si suponía un obstáculo en la formación de un gobierno de ‘cambio’, dijo que para que todos viéramos su buena voluntad y su capacidad de concesión, la devolvía (ah no, que no la tenía), o la rechazaba (ah no, que no se la ofrecieron), bueno, que se la daba (¿pero si no era suya?) a uno de sus amigos, como si el problema fuera su persona, y varios Ministerios, fundamentalmente sociales, como Defensa, Interior o Plurinacionalidad (creado por a la emergencia social), en el que atacó a un periodista y denostó la labor de los medios de comunicación, a los que acusó de estar obligados profesionalmente a hablar mal de su formación, cree el ladrón… (Ops, quizás no era el refrán más adecuado)

El último ataque de este tipo a la libertad de expresión es del todo escandaloso. Una vez más, porque no es la primera, que no nos pille de nuevas, ‘el demócrata’ hace gala de su actitud totalitaria, de su ideología censuradora y de su esencia controladora, elementos comprensibles e incluso justificables, pues en su cabeza cree que el comunismo y sus consecuencias es una forma de gobierno conveniente (debe de ser que siglos de historia demostrando precisamente lo contrario no sirven). Pero lo que no es en absoluto excusable, es su falta de respeto a un profesional de la información, y además, persona.

Sí, Pablo, personas. Lo que para ti son medios para alcanzar el poder y hacer reales todos tus delirios, mediante españoles (ES-PA-ÑO-LES) encandilados con tus (allá voy) falacias, populismos, arrogancias, narcisismos, embustes, seducciones, mentiras, artificios…  deberías saber, si hubieras leído con más atención a Kant, ese con el que un prestigioso Doctor en Ciencias Políticas no puede liarse, que «las personas son fin en sí mismas», y no medios a tu disposición que puedas vilipendiar si osan no ser útiles a tu causa.

Tras esta terrible falta de respeto a la labor informativa, los periodistas, también los que lo apoyan, que son como las ovejas que acarician al lobo, deberían someterlo a un bloqueo informativo, enseñarle lo que significa que un país con libertad de opinión pase a ser un régimen que silencie las voces de sus ciudadanos, veríamos entonces si continuaba con su ambición de convertir España en un estado bolivariano.

 

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