En comunicación política, más vale un buen argumento que cien mejores

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En comunicación política, la elaboración del mensaje ha de ser cuidadosamente definido, no hay espacio para vaguedades ni abstractismos. Un mensaje adaptado a un público concreto y a un canal determinado, ya que el mismo mensaje puede ofrecer diferentes resultados según a quien se dirija o a través del medio que se transmita.

El objetivo final del mensaje político, más que comunicar, es generar posicionamiento y diferenciación del producto, ya sea el partido, el candidato o la política desarrollada. Un mensaje que pueda ser entendido y asimilado por el votante o ciudadano gracias al principio del enfoque, replicar un mismo concepto en una pluralidad de medios.

El mensaje, para que sea eficaz y retenido por el público, debe tener una coherencia en todos los soportes en los que se emita; discursos, medios, entrevistas, publicitarios o digitales, etc. Asegurarse de que no provoque conflicto en el interlocutor y pueda alterar la percepción final del mismo.

Sin embargo, este no es el único requisito recomendable para un mensaje político de garantías. Acompañarlo con una promesa de solución, en forma de compromiso, que aborde las necesidades y demandas de los votantes, que sea percibida como algo posible de realizar y que se pueda cumplir en el tiempo hará que en el mensaje se transmita con mayor pervivencia y asegurar que no se disipe en la desconfianza.

La construcción del mensaje político podría compararse con la de una pirámide. En la base se encuentra la ideología y la identidad del partido, es lo que sustenta el resto del mensaje, su razón de ser. Después se ubica el programa, en consonancia con la base ideológica. A continuación, un extracto de ideas fuerza que resuman ese programa de forma que pueda ser comunicado en una serie de temas fundamentales, y por último, en el vértice, el concepto principal, que condense el resto de componentes de la pirámide, el eslogan.

En resumen, las claves del mensaje político son: decir lo que el votante quiere escuchar, hablar con conocimiento, demostrar que se tiene convicción en lo que se dice, involucrar a la audiencia y generar empatía y acción con el público.

Por último, es esencial transmitir un mensaje positivo, evitar el negativismo, un mensaje con el que informar y emocionar, no un mensaje para manipular.

El poder inteligente sonríe, no amenaza. Así se ganan las nuevas batallas. 

Antoni Gutiérrez-Rubí

 

Fuente: Marketing Político 2.0 – Miguel A. Alonso Coto, Angel Adell

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