Charlie Hebdo, el fracaso de la integración y «La Revancha de Dios»

“Occidente no conquistó al mundo por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino por la superioridad en aplicar la violencia organizada. Los occidentales suelen olvidarse de este hecho, los no-occidentales nunca lo olvidan.” 
Samuel P. Huntington
 
 
El pasado miércoles, dos yihadistas irrumpieron en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo, en París, y armados con fusiles de asalto, asesinaron a sangre fría a doce personas, dos de ellos policías, para vengar la ofensa suscitada al Islam por las viñetas realizadas por esta publicación.
 
Mucho se ha hablado durante esta semana de este terrible y deleznable suceso, que desde aquí condeno firmemente, y muchas han sido y serán las consecuencias desencadenadas, pero ¿por qué ha llegado a producirse? Los dos factores fundamentales que han provocado este atentado son el fracaso de la integración y la manipulación religiosa, pero hay un tercer elemento complementario, la falta de respeto.
 
La falta de respeto más flagrante es sin duda la falta de respeto a la vida humana y a la libertad de expresión. Ninguna persona racional es capaz de comprender porque dos individuos, por el simple acto de publicar unos dibujos que representan a su dios de forma caricaturesca, deciden acabar con la vida de una serie de personas. Las reacciones globales en las primeras horas tras este ataque, además de lamentar las perdidas humanas, parecieron centrarse en el apoyo a la libertad de expresión, como si esta hubiera sido la causa de lo sucedido, en lugar de una consecuencia de una realidad más profunda, la cual intentaré analizar de forma ecuánime.
 
No nos engañemos, esto no tiene (casi) nada que ver con la religión. Poco me importa que asaltaran la redacción a gritos de “Alá es grande” y clamaran que el acto era una venganza en nombre de Mahoma. Permitidme que obvie momentáneamente mi solido ateísmo, pero dudo que ni Alá, ni Mahoma, tuvieran nada que ver en ello.
 
¿Qué llevó entonces a los hermanos Kouachi a asesinar a estas 12 personas en nombre, supuestamente, de su dios? La facilidad que tiene el fanatismo de apoderarse de la voluntad de alguien que se encuentra perdido en una cultura que no es la suya, dentro de una sociedad que ha fracasado en la integración en occidente de seis millones de musulmanes, y demostrado una permisividad que ha resultado ser adversa a sus propios objetivos, permitiéndoles, por ejemplo, exigir una atención sanitaria del mismo género, financiar con dinero público la construcción de mezquitas en un estado laico, fragmentar instalaciones deportivas para el empleo aislado por hombres y mujeres o vestir los diferentes tipos de velo que las mujeres de la religión islámica tienen la obligación de portar, contradiciendo incluso la propia ley francesa. Elemento este que, junto a cierto tipo de barba, se ha convertido para muchos musulmanes en signos de lucha política, de rechazo de la integración a la cultura occidental y de afirmación de su propia identidad.
 
Los autores del atentado forman parte de la tercera generación de musulmanes franceses, una condición propicia para la radicalización. Jóvenes que no han logrado integrarse en el país, hijos y nietos de inmigrantes que sí trataron de hacerlo, de suavizar su contexto para no tener problemas en la cultura en la que se insertaron, pero sufrieron el rechazo de una población con una tendencia islamofóbica superior que en países de su entorno y de una ultraderecha tradicionalmente fuerte, que han crecido en barrios marginales mayoritariamente musulmanes y que no han querido adoptar los valores de la sociedad que les ha acogido desde hace décadas.
 
Aunque son ciudadanos franceses de pleno derecho, se sienten como inmigrantes, frustración que les ha forzado a adherirse a una interpretación extremista del Islam, una religión de la que suelen tener un conocimiento muy somero. Fracasados, decepcionados con occidente y con antecedentes criminales. En prisión, conocen a islamistas radicales que, como en tantos otros extremismos, les hicieron sentir importantes, útiles, necesarios para una causa, en definitiva, les ofrecieron una vida nueva, proporcionándoles un medio para transgredir su estatus de occidentales, el Islam.
 
No sería justo generalizar, al igual que gran parte de la población francesa no es islamofóbica, la mayoría de los musulmanes franceses aspiran a la integración, al menos aparente y artificial. Pero las minorías fanáticas, al borde de la delincuencia, del crimen y, como hemos comprobado, del terrorismo, son muy activas y temidas por miembros de su propia comunidad. Esta situación no se circunscribe exclusivamente a Francia, en los países islámicos, los propios musulmanes también se encuentran sometidos bajo regímenes totalitarios o siendo víctimas frecuentes de atentados contra la libertad, de cualquier tipo, provocados por grupos radicales que se valen de la religión para legitimar sus actos. En Irak, Argelia, Marruecos, Turquía, Túnez, Israel, Siria o Pakistan, desde el año 2004, se han producido más de 2.000 muertes a consecuencia de atentados o califatos protagonizados por Al-Qaeda o Estado Islámico, respectivamente. Pero parece que «mientras se maten entre ellos», en occidente, en la sociedad civilizada, no nos incumbe, y cuando asesinan a doce personas en Francia, nos alarmamos, como si viviéramos en mundos aislados y no fuéramos conscientes del entorno que nos rodea.
 

El papel de la religión

Como ya he manifestado, considero que la religión tiene un papel secundario en estos acontecimientos, lo cual no le exime de cierta responsabilidad. La religión, tal y como yo la concibo y respeto desde una posición segregada, consiste en la creencia en un ser divino, en cualquiera de todos los que han coexistido en la historia de la humanidad, y en la pertenencia a un colectivo que reúne a creyentes que deciden vivir bajo unos dictámenes, valores y tradiciones comunes que definen los diferentes cultos.
 
El problema se deriva cuando ciertas congregaciones, malinterpretan estos fundamentos religiosos, consciente o inconscientemente, y especulan con la fe de las personas para, en el nombre de sus respectivos dioses, manipularlos y oprimirlos. Sólo así se entiende que en el Siglo XXI, se sigan consintiendo aberraciones como la ablación o lapidaciones públicas de mujeres que han faltado al respeto a sus maridos. Pero las injusticias y las barbaries en nombre de dios se han repetido desde el origen de casi cualquier otra religión.
 
«Ya no se trata del aggiornamento, sino de una ‘segunda evangelización de Europa’. Ya no de modernizar el islam, sino de ‘islamizar la modernidad’.»
Gilles Kepel
 
«La revancha de Dios no puede ser ignorada, como tampoco sus efectos, especialmente en el interior de la civilización islámica, donde el auge del fundamentalismo provoca una reacción violenta contra las civilizaciones que la circundan, especialmente la occidental.»
Gilles Kepel
 
«Las religiones ofrecen a la gente un sentimiento de identidad y una dirección en la vida.»
Hassan Al-Turabi
 

Las viñetas de Charlie Hebdo

Quiero hacer énfasis en un aspecto del que apenas he oído hablar durante estos últimos días y que me resulta, al menos, destacable. Me remito al principio de la entrada para reiterar que el derecho a la libertad de expresión es fundamental e inalienable, con todo lo que este concepto implica, pero, sin querer que se aprecie ni el más mínimo atisbo de justificación, ya que no existe justificación alguna para un suceso de una magnitud tan cruel y salvaje, considero, y es una opinión muy personal y seguramente igual de discutible, que la libertad de expresión de cada individuo debería moderarse en el grado que pudiera afectar o perjudicar a otro individuo, fueran cuales fueran sus motivos.
 
Una de las principales cualidades que poseemos los seres humanos, es la capacidad de empatizar, y con el único propósito de plantear una reflexión que se ha pasado por alto, debemos tener en cuenta la importancia de respetarnos. Estoy seguro de que a la inmensa mayoría de católicos (de verdad), les ofendería que desde otras culturas se publicara, por ejemplo, una viñeta de alguna de las vírgenes por las que se tiene devoción y veneración en actitud pornográfica. Por supuesto, nadie se plantearía el armarse con un fusil de asalto y ejecutar a los autores, pero las causas de este comportamiento ya las he argumentado.
 
¿Alguien recuerda lo que ocurrió en España (un país con libertad de prensa) con la revista satírica El Jueves en junio del año pasado? 60.000 ejemplares fueron retirados de los quioscos por mostrar la siguiente portada:
 
Que cada uno saque sus propias conclusiones.

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